Las razones del triunfo chileno se basan en su juego ofensivo, al cual tampoco renunciaron en estas semifinales y que logró los goles en dos momentos claves del partido. El primero, unos minutos antes de que acabe el primer tiempo cuando Perú estaba luchando para llegar empatado al descanso y prepararse para la dura batalla de la segunda etapa y el segundo a los pocos minutos del gol del empate de Perú, lo cual siempre produce un bajón psicológico en un rival con el ánimo en alto después de lograr el empate. Chile tuvo claramente la posesión de la pelota (72%) e hizo claramente muchos más pases que Perú, ayudado claro por la superioridad numérica, aunque por el planteamiento probablemente esta estadística hubiera sido favorable a los rojos. Eso terminó en que tuvieran también más remates al arco (16 contra 9) y más oportunidades de gol. Un golazo de Vargas después de una pérdida de balón innecesaria en la media cancha peruana fue finalmente la diferencia entre ambos equipos. A Chile le costó muchísimo superar a Perú, tanto con once como con diez hombres y no fue una superioridad clara como si la tuvo en sus partidos de primera fase e incluso en el partido contra Uruguay.
Las dificultades de Chile tuvieron su contraparte en un partido de Perú muy bien planteado. Aparte de recomponer el bloque defensivo Gareca decide apostar por Carrillo como un elemento veloz por las bandas que le pueda jugar a las espaldas a los defensores chilenos y evitar que estos tengan una salida fluida. Hasta el cambio obligado de Ramos, Cueva y Carrillo cumplieron muy bien esa misión. Carrillo no solo fue un factor clave para el autogol chileno, sino que además cumplió una muy buena labor táctica defendiendo las bandas y recuperando pelotas. La recomposición de Gareca en el segundo tiempo sorprendió a todos, incluyendo a los chilenos que se vieron sorprendidos por un Perú atrevido que logra empatar un partido que muchos pudieron haber dado por perdido. A pesar de la posesión chilena, Perú logró rematar nueve veces al arco y evitó que la cancha estuviera inclinada durante gran parte del encuentro. Ello fue logrado con orden y con actitud, marcando inteligentemente en zona y salvo la metida de pata de Zambrano, sin caer en la violencia o la provocación. A diferencia de muchos yo no sepultaría a Zambrano porque hizo una Copa América muy correcta y estoy seguro que en un proceso largo y bien llevado seguirá siendo importante para Perú.
En cuanto al arbitraje, probablemente debió amonestar a Zambrano y Vidal a la primera, pero quiso evitar tarjetas tan temprano, sobre todo una que involucraba al chileno y lo sacaba de la final. La expulsión de Zambrano fue totalmente justificada y el primer gol debió anularse, aunque la jugada fue muy fina y hasta confusa porque hay dos jugadores, uno en posición adelantado (el del gol) y el otro no. Cierto es que se anuló un gol lícito de Chile, pero ese no es un tema de compensación porque si no se hubiera validado el primero estaríamos hablando de otro trámite de partido. Un arbitraje mediocre, sin carácter y localista, pero tampoco creo que se le pueda echar toda la culpa del resultado a este tema.
Fue un partido que sin expulsiones hubiera sido mucho más parejo y donde Perú tuvo chances de ganarlo ante un Chile que tuvo esta vez a su rival más complicado al frente, porque le jugó fútbol y luchó hasta el final. Le queda un solo paso más a Chile para cumplir con su sueño.

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