En una época donde felicitamos el mérito de
federaciones deportivas como Alemania (campeona mundial) e Islandia (equipo
sensación de la Eurocopa) una victoria de Argentina en cualquier campeonato
sería, por decir lo menos contradictorio. Los logros futbolísticos del equipo ché son
en realidad el producto de contar con Messi, Mascherano y unos cuantas
individualidades más. Llegar a tres
finales sería para cualquier selección del mundo un triunfo, pero para una
sociedad y un periodismo resultadista equivale a una catástrofe nacional. Ha sido tanto el impacto de la derrota
argentina y el anuncio del retiro de Messi que se ha opacado el doble triunfo
de una selección chilena que a base de talento y un proyecto futbolístico
medianamente consistente ha logrado ubicarse en lo más alto del fútbol
sudamericano. Veamos las experiencias de
estos cuatro equipos e intentemos analizar los efectos del trabajo bien hecho
desde los niveles dirigenciales.
Luego de la victoria de Alemania en Rio de Janeiro se habló mucho de la
transformación del fútbol alemán a partir de sus fracasos en los campeonatos
mundiales de 1994 y 1998 (intercalado por el título de la Euro 1996). La federación alemana empezó a mediados de los noventas una transformación en las estructuras y forma de juego de sus jugadores
a todos los niveles, trabajando con los clubes profesionales y amateurs en sus
divisiones inferiores. Esto combinado con la creciente influencia de
los inmigrantes en la sociedad alemana cambió la cara de los seleccionados alemanes. De un equipo de “Panzers” que arrasaban rivales con fuerza y potencia, alimentados por talentos individuales como Beckenbauer, Overath o Netzer se pasó a un equipo técnico con mucho posesión
de pelota y mucha técnica. Este proceso no se dejó opacar ni por los éxitos eventuales como el subcampeonato mundial del 2002 o la eliminación en la fase
de grupos de la Euro 2004 en Portugal. El proceso se acentúa a partir de ese momento con la
contratación de Jürgen Klinsmann como entrenador y de Joachim Löw como su asistente. Alemania queda tercera en el campeonato que organizó en su país en 2006, pero se empiezan a ver los cambios en su juego. Ya bajo Löw Alemania llegaba cerca pero no logró pasar del
tercer puesto en las Euros del 2008 y 2012, ni tampoco en el mundial de
Sudáfrica. Sin embargo, no rompió su proceso y siguió confiando no sólo
en su técnico, sino también en su filosofía y su disciplina, la cual los premió
en Brasil 2014.
Islandia, la gran sensación de Europa, no sólo se ha clasificado ganándole
a la sobrevalorada selección de Inglaterra, sino que en la fase de clasificación le ganó a Holanda tanto de local como de visitante. Lo sucedido con este pequeño país tampoco es casualidad ni una
de esas coincidencias del destino. 300,000 habitantes, 23,000 jugadores federados y solo cien jugadores
profesionales son las cifras que ruborizan a todas las selecciones eliminadas
por los vikingos. ¿Cómo es que lograron llegar a los cuartos de final del segundo campeonato más prestigioso del mundo a
nivel de selecciones? Invirtiendo fuertemente en infraestructura
(“hardware”) y en la formación de sus entrenadores, a los cuales mandaron
estudiar a distintos países europeos (“software”). De esa manera logró que haya suficiente talento, la mayoría
radicado en ligas profesionales nórdicas, con algunos en Inglaterra y Alemania.
Con esa materia prima, su entrenador ha logrado armar un equipo compacto y
disciplinado que ya ha dejado en el camino a varios gigantes del fútbol europeo.
No compite por el título, pero con alegría ya está entre los ocho primeros.
Volvamos a Sudamérica y al caso específico de Argentinay Chile. La patria de Borges y Gardel es capaz de
generar miles de futbolistas al años que terminan jugando en las mejores ligas
mundiales. Hoy, hay pocos equipos de primera categoría en Europa, que no
tengan jugadores argentinos en sus equipos titulares. Las ligas italianas,
españolas, inglesas y en en menor medida, la alemana, nos permite ver al
talento argentino todos los fines de semana, con Messi como su mayor
exponente. Sin embargo, cuando vemos la realidad del fútbol argentino vemos una desorganización creciente y un
desgobierno total. Su campeonato profesional tiene 30 equipos con una
organización que no permite seguir su evolución de manera clara y directa. Si vemos los partidos notamos
que su infraestructura es pobre, que la calidad de los partidos en su mayoría es baja y que los
estadios muchas veces están vacíos, salvo casos excepcionales como La Bombonera.
La AFA, donde Grondona dejó una secuela de corrupción lo más parecido al crimen organizado, es un
caos donde FIFA se ha visto obligada a intervenir luego de la aparición de un voto fantasma en su
último proceso electoral. Acéfala y caótica, la AFA deja de cumplir eficientemente sus funcione
y ello tuvo consecuencias también en el manejo logístico de su selección en la
última Copa Centenario. No hay en la organización del fútbol argentino una visión y una estrategia que permita vislumbrar un gran futuro. Su selección
ha llegado a disfrutar tres finales en las últimas grandes competencias gracias
a una buena generación de futbolistas con unas cuantas grandes individualidades. No hay un
juego de equipo consistente y atractivo desde la época de Bielsa y las decisiones se toman con el hígado y no con el cerebro. El
fracaso en la Copa América no se debe al penal fallado por Messi o al gol
marrado por Higuaín. Tampoco es un problema de los planteamientos de Martino y su terquedad de hacer jugar a Di María
roto. Hay un problema estructural que el día que se retire de verdad Messi (espero que no sea ahora) la van a ver, porque en ese momento, será casi
imposible que lleguen a disputar las finales como lo están haciendo
ahora.
A diferencia de Argentina, Chile sí ha sufrido un proceso de transformación
en la estructura y organización del fútbol. Primero fue la conversión de gran parte de sus clubes en sociedades
anónimas, incluyendo procesos dolorosos de reestructuración en instituciones
grandes y tradicionales como el Colo Colo, lo cual le permite contar con un
mejor fútbol de base. Luego de quedar últimos en la eliminatoria para Sudáfrica 2010 apostaron
por traer con una gran inversión a Bielsa, el cual le puso exigencias de
organización y cambios a la estructura de cómo se manejaba la selección. Esos cambios más lo que se vio a nivel
táctico luego se ha visto reflejado en la cancha. Con la excepción de Borghi que perdió el
manejo del grupo, los entrenadores que han venido después le han sacado el jugo
a una gran generación de futbolistas.
Dos títulos en la Copa América y un gran mundial donde debieron sacar
del camino al anfitrión en Brasil habla de los frutos que se pueden cosechar a
largo plazo.
No siempre el mejor equipo gana, ni la mejor
organización es recompensada con títulos.
A veces surgen generaciones brillantes de jugadores que luego se
evaporan. Un título argentino hubiera
escondido sus grandes deficiencias de organización y su falta de visión.
El profesionalismo, una organización óptima y
un trabajo desde la base lo que garantiza es regularidad y la oportunidad de
competir siempre. A la hora de escribir
estas líneas no sabemos el resultado de los cuartos de final para Alemania e
Islandia. En realidad es irrelevante
porque estos equipos si continúan realizando los esfuerzos que están haciendo
volverán a competir y sacarle provecho al talento que cuentan. Todo ello sin depender de
la aparición de un genio que los lleve a la gloria.


