En la segunda semifinal todo fue felicidad para Argentina. Superó el problema de falta de efectividad y anotó seis goles frente a un equipo paraguayo que se vio abrumada por la calidad del ataque argentino. Como en partidos anteriores Argentina supo generar goles, muchos de los pies de Messi y Pastores que alimentaron a sus delanteros para que estos aprovechen los espacios que dejó Paraguay, que esta vez no logró sacar un empate como en el duelo de la fecha inicial. Los delanteros argentinos estuvieron finos frente al arco y no dejaron espacio de reacción.
Argentina jugó a voluntad durante casi todo el partido, salvo cuando los paraguayos aprovecharon el error de Otamendi para asustar al equipo de Martino con una nueva remontada. Sin embargo, esta vez, Argentina tenía claro su objetivo y no dejó de presionar para seguir metiendo goles en un segundo tiempo donde su rival ya no opuso ninguna resistencia. Con la defensa sólida Argentina adelantó sus líneas y estas vez parecía un equipo con una misión clara, ganar la Copa América. Mucho se le había criticado a Martino por el planteamiento, pero yo personalmente creo que la falencia de los argentinos había estado en la inefectividad de sus delanteros y un grado de arrogancia que no les estaba haciendo bien. Concentrados como en estas semifinales da la impresión que los argentinos le pueden ganar a cualquiera. Mención aparte merece la vuelta de Di María al juego y al gol, justo a tiempo para su cotejo más importante.
Paraguay había llegado a estas semifinales de manera muy parecida a como llegó en Argentina 2011, a punta de empates, aunque para ser justo esta vez le había ganado a Jamaica (1-0), pero igualó con Argentina, Uruguay y Brasil (al que vence por empates) y ese era también su objetivo en estas semifinales. Tuvo que ir cuesta arriba en todo momento, pero esta vez la garra guaraní no fue suficiente ante una gran actuación de su rival. Su delantera ya es veterana con Santa Cruz, que tuvo que ser reempazado, y Nelson A. Valdez. El cambio generacional debe empezar ya para poder intentar ser competitivo en las eliminatorias que se vienen. Ramón Díaz por ahora le ha devuelto el carácter, ahora debe añadirle juego. Los paraguayos esperan empezar a ver los frutos en octubre cuando empiecen las eliminatorias. Por ahora les queda esperar el partido contra Perú el viernes por el tercer puesto, la mejor manera de borrar el amargo sabor que deja una goleada, aunque haya sido contra la Argentina de Messi.
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